Días ajetreados y diferentes los que hemos vivido, ¿verdad? Así es como la vida nos sorprende para recordarnos quizá lo frágiles que somos los seres humanos y la carrera tan movida que llevamos para lograr tantas cosas que, al final, se vuelven secundarias. En estos momentos en los que quedarnos “quietos”, resguardados, más que una opción es un mandato, se nos vuelve un reto “ocupar” cada minuto, volverlo más “útil”, pero se nos olvida que tal vez, retornando a nuestra base, a nuestro núcleo, es como estamos más cerca de lograrlo.

Por eso, si tienes la opción de quedarte en casa y trabajar a tu ritmo, aprovéchalo. Si la empresa en la que trabajas permite el teletrabajo como opción para que, tal como deberíamos ser todos, seas socialmente responsable, demuestra tu capacidad para autogestionar tus tareas para que ese tiempo que gastas usualmente en el tráfico, lo utilices ahora para:

  1. Jugar con tus hijos.
  2. Preparar esa receta que hace tanto no cocinas.
  3. Arreglar los recibos que cada mes pagas sagradamente.
  4. Organiza tu clóset. Saca todo aquello que no se ha movido de allí por más de 1 año.
  5. Pruébate esa mascarilla de barro que te recomendó tu amiga.
  6. Haz ejercicio.
  7. Medita por fin.
  8. Lee ese libro que nunca avanza de página por falta de tiempo para ti.
  9. Quédate un rato más al momento del almuerzo y escucha lo que tus hijos tienen para contarte.
  10. Recibe los primeros rayos de sol, por 10 minutos, sin pensar en que ya tienes que salir.
  11. O simplemente utilízalo para llamar sin afanes a tus padres, abuelos, tíos, primos…

Haciendo rendir tu tiempo para entregar lo que debes, administrando correctamente y con disciplina tus actividades, verás cómo tu día se expande y tú terminas tal vez más cansada/o, pero con el corazón más lleno. Si por algún motivo debes salir o debido a tu trabajo no puedes ausentarte, no sobra recordar las medidas necesarias para continuar generando una barrera adecuada para evitar contagios, en especial si convives o tienes contacto con adultos mayores:

– Recuerda el lavado de manos mínimo cada 3 horas, por al menos 20 segundos (puedes cantar una canción mientras lo haces), con jabón suficiente, estregando con firmeza palma con palma, por encima de las manos y entre los dedos.

– Si estás enfermo, evita realizar visitas o recibirlas. Si tienes contacto con otros, usa tapabocas y deséchalo al final del día. Tómalo de los cauchos e intenta no tocar su centro. Quédate siempre en casa e hidrátate mucho. El reposo siempre es un buen remedio.

– Si estás por fuera, en un lugar donde no hay agua y jabón, lleva siempre contigo un poco de gel antibacterial. No será tan riguroso contra los virus como el agua y el jabón, pero al menos te ayudará mientras los encuentras. Recuerda aplicarlo después de tocar cosas con las que otros hayan podido haber estado en contacto.

– Si debes salir, evita, en lo posible, el transporte público.

– Lava tu ropa con mayor frecuencia: jeans, sacos, toallas, sábanas… un virus puede durar allí hasta 9 horas.

Recuerda que, ante todo, es un tiempo para pensar en plural, en el bien general primando sobre nuestros propios intereses y comodidades. Es un tiempo para cuidarnos todos mutuamente, paradójicamente, recogiéndonos en pequeños grupos; en nuestro núcleo primario. Es momento de unirnos como sociedad sin importar credo, raza, preferencia política o estrato. La solución #EstáEnTusManos. Hoy por ti, mañana por mi!